Pocas páginas reciben tanta presión como la primera. Necesitamos presentar al protagonista, explicar el mundo, insinuar el conflicto, demostrar nuestra maravillosa prosa y, si queda espacio, hipnotizar al lector para que no abandone el libro jamás. El resultado suele ser una primera página cargada con más responsabilidades que el resto de la novela completa.
Un buen inicio no necesita contarlo todo ni comenzar con una explosión, eso es lo que pensamos los autores, pero en realidad necesita provocar una pregunta, transmitir una emoción y prometer que vale la pena seguir leyendo.

1. Empieza cuando algo cambia
Las historias suelen comenzar cuando la vida del protagonista deja de funcionar como hasta entonces. No es necesario que sea el gran acontecimiento que desencadena toda la trama. Puede ser una carta inesperada, una ausencia, una orden, una llegada o una pequeña anomalía que altere la rutina.
En lugar de mostrar al personaje despertando, duchándose y preparando café, a menos que encuentre un cadáver dentro del refrigerador o algo de esa índole, busca el momento en que su día deja de ser normal.
El cambio crea movimiento y le indica al lector que algo ya comenzó.
2. Abre una pregunta en la mente del lector
Atrapar al lector no significa confundirlo. Entrégale información suficiente para comprender la escena, pero reservar algo que quiera descubrir.
Por ejemplo:
- ¿Por qué el protagonista está huyendo?
- ¿Qué contiene la carta que se niega a abrir?
- ¿Por qué nadie pronuncia el nombre del antiguo rey?
- ¿Qué ocurrió entre esos dos personajes?
La pregunta puede ser argumental o emocional. A veces no queremos saber quién cometió un crimen, sino por qué una mujer se muestra indiferente ante la muerte de alguien que decía amar.
Eso sí: no acumules misterios sin ofrecer ningún punto de apoyo. El lector necesita sentir curiosidad, no sospechar que se perdió tres capítulos.
3. Presenta al protagonista haciendo algo significativo
La primera escena debería enseñarnos quién es el personaje mediante una acción, una decisión o una reacción. No hace falta describir toda su personalidad. Muestra un rasgo que importe para la historia.
Si es generoso, permite que esa generosidad le cueste algo. Si desconfía de todos, muéstralo interpretando una ayuda como una amenaza. Si desea poder, deja que observe quién ocupa la silla más cercana al rey.
La manera en que un personaje percibe y enfrenta el primer conflicto dice mucho más que una descripción de sus cualidades. Esto también ayuda a construir la voz que vimos en Cómo crear personajes memorables.
4. Evita explicar el mundo completo
Este problema aparece mucho en fantasía y ciencia ficción. Hemos trabajado durante meses en reinos, guerras, dioses, planetas y árboles genealógicos, por lo que sentimos la obligación de demostrarlo inmediatamente. Pero el lector no necesita conocer la historia de una guerra ocurrida trescientos años atrás para comprender que dos soldados se odian.
Entrega el contexto cuando afecte lo que está sucediendo. Si un dato no modifica la manera en que entendemos la escena, probablemente puede esperar.
El mundo se vuelve más creíble cuando parece existir fuera de la explicación. Una tradición cumplida con naturalidad suele contar más que tres párrafos describiendo su origen.
5. Orienta al lector sin detener la escena
Crear intriga no implica ocultar información básica. Durante las primeras páginas, el lector debería comprender:
- Quién protagoniza la escena.
- Dónde se encuentra.
- Qué está ocurriendo en ese momento.
- Qué desea o teme el personaje.
No es necesario responderlo todo en el primer párrafo, pero debes evitar que la persona lea varias páginas sin saber si está en un palacio, una nave espacial o la fila de una oficina pública particularmente hostil.
Podemos retrasar una identidad o un lugar por un motivo narrativo, pero debemos ser precavidos porque si carecemos de motivos y solo queremos ser misteriosos, entonces se ve como información omitida por error.
6. Cumple la promesa del comienzo
La primera escena establece un acuerdo con el lector, le comunica qué clase de historia encontrará.
Si abres con una escena cómica, esperará que el humor forme parte de la novela. Si comienzas con un crimen, entenderá que resolverlo será importante. Si presentas un romance prohibido, prometerás que esa relación ocupará un lugar central.
No necesitas revelar toda la trama, sin embargo, revela el tono, el género y el tipo de conflicto.
Una apertura espectacular que no representa el resto del libro puede conseguir que alguien lea diez páginas, pero también hará que se sienta engañado cuando la historia se convierta en algo completamente diferente.
¿Conviene escribir el inicio al final?
No necesariamente, pero sí conviene reescribirlo cuando termines la novela.
¿Por qué? Durante el primer borrador todavía estamos descubriendo cuál es la verdadera historia. Al llegar al final comprendemos mejor al protagonista, el conflicto y aquello que debería prometer la primera escena.
Es normal descubrir que comenzamos demasiado pronto. También puede ocurrir que una escena escrita como introducción haya perdido su función después de la edición.
No tengas miedo de cortar páginas. Haberlas escrito no significa que deban custodiar eternamente la entrada de tu novela.
Preguntas frecuentes
¿Una novela debe comenzar con acción?
Debe comenzar con movimiento narrativo, pero no necesariamente con una pelea o una persecución. Una conversación tranquila puede tener mucha tensión si algo importante está a punto de cambiar.
¿Es malo empezar con un sueño?
No está prohibido, pero puede decepcionar si el lector se interesa por una situación que inmediatamente descubre que no era real. El sueño debe tener consecuencias o aportar algo indispensable.
¿Cuántas veces debería reescribir la primera página?
Todas las necesarias para que resulte clara, atractiva y coherente con la novela terminada. No existe una cantidad correcta; el inicio suele necesitar más revisiones que otras partes.
La primera página está ahí para abrir una puerta a tu historia, no es el momento para demostrar todo lo que sabes como escritor. Presenta a alguien que quiera algo, altera su mundo y deja una pregunta flotando. Después, permite que el lector dé el siguiente paso.
Una buena apertura conseguirá que quien la lea quiera seguirlo haciendo.