El mapa del Imperio de Imetrán lo creé en Inkarnate, con mis manitos y mi poca destreza geográfica. Allí estaban sus ciudades, sus fronteras y buena parte de ese mundo que me ha acompañado durante años. Sin embargo, al cerrar la última revisión de La Legión de la Muerte, volví a mirarlo y me di cuenta de que todavía necesitaba trabajo. Y es que el mapa debe contar la misma historia de la novela y, además, reconozco que no soy la mejor para establecer distancias (en realidad, soy la peor).

¿Por qué es tan importante el mapa en una novela de fantasía?

El mapa suele ser una de las primeras promesas que recibe el lector. Nos dice que existe un mundo más amplio que la escena inicial y que cada nombre impreso guarda una historia. Pero también cumple una función práctica. Las distancias afectan los viajes. Las montañas, los ríos y los mares condicionan las rutas. La ubicación de una capital puede explicar por qué concentra el poder y una frontera ayuda a comprender por qué dos territorios se observan con desconfianza.

Por eso no bastaba con que mi mapa se viera bien, ya que tenía que sostener el recorrido que ya existe en el libro.

Mapa del Imperio de Imetrán (Novela de La Legión de la Muerte)

Volver al manuscrito para reconstruir el territorio

La revisión comenzó de la manera menos espectacular posible al seguir los desplazamientos de los personajes. Necesitaba comprobar qué ciudades estaban conectadas, cuánto podían durar ciertos trayectos y qué accidentes geográficos aparecían durante el viaje. En lugar de obligar a la novela a encajar en el primer mapa, decidí hacer el recorrido inverso: dejar que la historia revelara la forma definitiva del imperio.

Así regresé a Kazad, la capital, y a lugares como Ledir, Sirisea, Moradum, Nova Kazania y Ancazar, el fuerte Niem e Ivituc. También las ubicaciones de puertos, mares, cordilleras como Ank-Bareh, ríos y rutas como la Vía Marasea tuve que observar la relación de Imetrán con territorios independientes como Zumi y Sveniff.

No todos estos lugares tienen la misma importancia dentro de la trama, pero cada uno ayuda a entender la grandeza y debilidades del Imperio y que este no termina donde acaba una escena.

La geografía también habla del poder

Imetrán es un imperio marcado por la autoridad, la guerra, la fe y las divisiones internas. Por tanto, su geografía debía reflejar esas tensiones sin convertirse en una explicación enciclopédica. Los personajes conocen su mundo y no deben estarlo explicando todo el tiempo.

La ubicación de las ciudades influye en quién controla una ruta, qué zonas permanecen alejadas de la capital y dónde resulta más difícil imponer una orden. Incluso un río puede ser algo más que paisaje y unir regiones, separar ejércitos o determinar por qué una ciudad nació en un punto concreto.

No necesito incluir cada respuesta en la novela, ya que muchas veces el lector solo verá el efecto. Sin embargo, yo sí necesito conocer la lógica que existe detrás para no mover una cordillera cuando el argumento lo requiera con demasiada amabilidad.

Qué quiero que sienta el lector al mirar Imetrán

No busco construir un atlas perfecto ni impartir una clase de geografía (obviamente no podría porque estoy segura de que el mapa debe tener fallos, porque como dije, apesto en geografía). Lo que quiero es que el mapa ayude a sentir la dimensión del viaje y permita regresar a los lugares después de conocerlos en la historia.

También quiero evitar que revele demasiado. Un buen mapa no debería adelantarse a los descubrimientos importantes ni señalar con una flecha dónde ocurrirá algo terrible. Para eso ya está la novela. Mi intención es encontrar un equilibrio: mostrar suficientes nombres para que Imetrán parezca un territorio vivo, sin convertir la primera página en una prueba de memoria.

Lo que más ganas tenía de reflejar en el mapa es precisamente Ledir, que es el pueblo donde comienza la novela. En un mapa de un imperio vasto como el de Imetrán, Ledir se muestra como un punto insignificante, pero cuando leas la novela te darás cuenta, igual que el mismo Ulliness se dio cuenta, de que este pueblo será capaz de mover los hilos del Imperio, de determinar historias, guerras y dolores. No importa lo pequeño y alejado que esté, lo importante son las personas que viven en él.

Un mundo que podrá seguir creciendo

Este mapa también me ayudará a ordenar información que más adelante podría formar parte de una wiki de mis libros: ciudades, regiones, religiones, personajes e instituciones.

Esa wiki todavía no está publicada. Por ahora, la prioridad es que el libro y su mapa sean coherentes entre sí. Pero me gusta pensar que, cuando un lector quiera saber más sobre Kazad, la Ciudad del Oráculo, del Mar de los Delfines o comprender mejor cómo se organiza Imetrán, existirá un lugar donde pueda explorar sin depender de la memoria.

Terminar la revisión de La Legión de la Muerte cerró una etapa titánica. Ahora estoy trabajando en todo aquello que convertirá el manuscrito en un libro: la portada, la preparación de la publicación y también la versión definitiva de su mundo.

Revisar el mapa me recordó que la construcción de un universo tal vez nunca termina porque a veces parece existir incluso fuera de la página.