Ensayo apropósito de la lectura de la novela Arcángeles y Buenos Demonios: Crónicas de la Guerra de África 1961-1974 de Daniel Gouveia

A través del desarrollo de su Historia, el hombre ha tenido que vivir con la amenaza psicológica constante de la Guerra. Toda cultura o civilización se ha visto cara a cara con un enemigo. Razones para ello existen muchas y de muy distinta índole, aunque, sin lugar a dudas, la más importante es el factor económico. Si analizamos con detención las causas que la generan, nos percataremos que el factor económico es tal vez no solamente el más importante, sino que el único, pues detrás de todo motivo religioso o de cualquier naturaleza, siempre está el trasfondo económico. Como ejemplo claro de esta situación podemos nombrar los motivos que llevaron a las Cruzadas medievales. (Si vemos más allá de la religiosidad imperante, distinguiremos que los reyes y señores del Medioevo deseaban mantener Tierra Santa porque estaba en un lugar estratégico de las rutas comerciales. A la caída de Constantinopla a manos de los Turcos Otomanos en el año 1453, los occidentales perdieron las rutas comerciales del Oriente y se vieron forzados a buscar otras rutas para llegar y comerciar las especias en las Indias, lo que dio lugar a la época de los Descubrimientos).

livro243Eso si observamos la historia superficial, la de los libros, pero ¿qué sucede con el hombre común, con el soldado raso, con el campesino que es obligado a pelear por motivos totalmente ajenos a su vida?

En el libro “Arcanjos e Bons Demónios” el autor comienza con frases muy interesantes de analizar: “Lembrou-se do soldado de Maratona e da relatividade do tempo. Certamente, aquele grego enfrentara o combate com o mesmo medo de todos os guerreiros. Para depois vir a morrer da corrida que fez para transmitir a notìcia da vitòria. Os seus contemporâneos devem ter lamentado a morte de um heròi tao novo. E viveram mais trinta , cinquenta anos. Mas que importa ter vivido mais cinquenta ou trinta anos, quando passaram 25 sèculos sobre o episòdio? Este pensamento ocorria-lhe sempre que saia para as operacoes. Ajudava-o a desprezar a morte, caso fosse nesse dia que a estadìstica o escolheria para se alimentar. Pensava: que interessa morrer hoje ou de velhice, para quem esteja a ler a història desta guerra daqui a duzentos anos?…(Se acordó del soldado de Maratón y de la relatividad del tiempo. Sin lugar a dudas aquel griego se enfrentó al combate con el mismo miedo que todos los guerreros. Para después morir debido a la carrera que hizo para transmitir la noticia de la victoria. Sus contemporáneos deben haber lamentado la muerte de um héroe tan joven. Y vivieron treinta, cincuenta años más. Pero ¿qué importaba haber vivido cincuenta o treinta años, cuando ya habían pasado 25 siglos del episodio? Este pensamiento venía a su mente siempre que salía a las operaciones. Lo ayudaba a despreciar la muerte, en el caso que fuese ese día en que la estadística lo escogiera para alimentarse. Pensaba: ¿Qué le interesa morir ahora o de viejo a quien esté leyendo la historia de esta guerra en doscientos años?…)

En estas frases extraídas del libro de Daniel Gouveia, podemos vislumbrar que aquel hombre, el personaje de la novela, no está en un lugar placentero para él, no lucha por voluntad propia y los motivos de la guerra le son completamente ajenos. Tiene miedo a morir, por eso debe apoyarse con la historia del soldado griego de Maratón, donde la muerte y los siglos, no le habían podido robar al célebre griego la gloria de su hazaña aún recordada.

Esta situación se repite muchas veces a través de la historia. Pero no siempre. Existen culturas y pueblos donde la guerra es bien vista por la gente común, incluso les parece un bien, una bendición. Por ejemplo, en los antiguos pueblos germanos los guerreros valientes alcanzaban el “Valhala” (la corte del dios Odín, el rey de los dioses escandinavos que, según el lugar, adoptó el nombre de Woden, Wodan o Woutan) después de la muerte en batalla. Las valquirias (jóvenes guerreras que servían a Odín) conducían las almas de los héroes muertos al Valhala. En realidad, el “Valhala” era la sala de los valientes héroes muertos en batalla, regidos por el rey de los dioses, Odín, en el reino de los dioses, Asgard.

Otro ejemplo ilustrativo en este caso es el del soldado romano. Pongámonos en contexto, Roma es el Imperio más poderoso del mundo, se puede decir que Roma es el mundo. Para sus soldados (que desde un siglo antes de Cristo son profesionales y asalariados gracias a las reformas de Cayo Mario) es un honor morir por la patria, por el Imperio. Las antiguas glorias de los antepasados (llámese Escipión el Africano o Julio César) son relatadas a los niños desde la infancia) los héroes de guerra son, para el pueblo, más que simples héroes, dioses. La eficacia del ejército romano no solamente yace en su maquinaria de guerra y sus brillantes estrategas, sino que en la psicología de sus soldados que lo dan todo por la gloria de su tierra y están orgullosos de ser romanos. El miedo a la muerte pasa a segundo plano, el enemigo no es una persona, sino que un monstruo que debe ser eliminado, matarlos no es un crimen, sino un motivo de alarde. Hoy en día, los soldados sufren traumas luego de la guerra porque están concientes que el enemigo es un ser humano igual que ellos, con familia, padres y amigos.

Precisamente, en el libro de Daniel Gouveia, vemos a un soldado tratando de reconciliarse con la guerra en la cual había participado. Escribe un libro con las vivencia anexas a lo puramente bélico para hacer el proceso psicológico en su mente, para mirar a la guerra como una anécdota más en la vida, y poder seguir adelante.

Los historiadores están de acuerdo con el postulado que la civilización, la Historia, nació en las regiones de Mesopotamia, Egipto (el valle del Nilo), el río Amarillo y del valle del Indo, zonas escasamente pobladas, pero con grandes reservas de agua y muy fértiles, en una época anterior a la historia escrita. Tres de estas zonas son valles fluviales y la tercera se encuentra situada entre dos ríos, formando una rica llanura. A estas regiones llegaron pueblos para establecerse allí y dedicarse a cultivar plantas y domesticar animales. Estos territorios fluviales favorecen la práctica de la agricultura y la ganadería y su éxito atrajo hacia estas zonas una migración humana y animal cada vez mayor. A medida que aumentaron estas poblaciones, también lo hicieron sus necesidades, generando unas formaciones sociales y político-económicas características de los espacios urbanos antiguos y de los estados de Mesopotamia, el valle del río Amarillo, y los valles del Indo y del Nilo. La primera civilización surgió hace unos 7.000 años en Sumer en lo que actualmente es Irak. Sumeria siguió creciendo poderosa y próspera hasta hace aproximadamente unos 6.000 años, cuando se fundó la ciudad-estado de Ur.

Al nacimiento de las grandes primeras civilizaciones de la historia, también podemos vislumbrar el surgimiento de las grandes guerras. El motivo primero para las guerras de esta época era, sin duda, las guerras de conquista (factor obviamente económico) Todas las civilizaciones iniciales tenían algunas características comunes, entre ellas se cuentan: un ejército y un cuerpo de liderazgo religioso. En estos primeros tiempos de la Historia religiosidad y ejército estaban unidos por los dioses de la guerra. Por ejemplo en Sumer, Inanna, además de la reina de los cielos, era la diosa del amor, la procreación y la guerra (dato interesante es que la guerra esté regida por una diosa femenina). Amor y guerra unidos en una misma divinidad nos da a pensar que los sumerios entendían la guerra como necesaria, al igual que el amor y la procreación. Seguramente la guerra les parecía un proceso necesario para el surgimiento de nuevas épocas, una especie de gestación. Muerte y vida para los sumerios, según su mitología, no tenían gran diferencia; La vida era considerada como el bien más preciado de la humanidad, aunque sometida a la amenaza de la incertidumbre y la inseguridad. Según la creencia sumeria, cuando los seres humanos morían, sus espíritus descendían al mundo inferior, donde la vida es más desgraciada que sobre la tierra. Se podría concluir que los sumerios no deseaban pelear en la guerra, puesto que no deseaban morir, pero también creían en la que la voluntad de los dioses no podía rebatirse, para ello, los dioses concebían el “me”, una serie de reglas y leyes universales e inmutables que todos los seres estaban obligados a obedecer. Era imperativo, entonces que los dioses obligaran a los hombres a ir a la batalla, a través de sus designios que llegaban a la gente encarnados en los sacerdotes, sacerdotisas, cantantes, músicos, prostitutas sagradas y eunucos en lo templos de cada ciudad.

Otros de los pueblos asentados en el valle de Mesopotamia eran los asirios que se distinguieron de los sumerios solamente en su brutalidad y barbaridad que se reflejaba obviamente en la guerra, donde utilizaban torturas para los prisioneros de guerra que bordeaba la inhumanidad.

Volviendo al libro de Daniel Gouveia, será interesante analizar lo que hace el soldado para hacer de la muerte una parte de su vida, para conciliarse con ella, para sentirla indiferente e incluso como una escapatoria del dolor y sufrimiento extremo de la guerra. “…Os mortos nao causavam perturbacao. Os feridos sim, porque gritavam, porque impunham cuidados urgentes que se sabia tardarem sempre, porque se lhes via o sofrimento a sair das fardas ensopadas em sangue e das gargantas. A morte nao traz prejuìzo a quem dela è vìtima, a nao ser quando precedida de padecimento. Mas isso è outra coisa. È sofrimento, nao morte, o que està em causa. A morte, em si, nao perjudica quem morre… Pensando asim, deixava de ter medo da morte” (“Los muertos no causaban perturbación. Los heridos sí, porque gritaban, porque imponían cuidados urgentes que se sabía que siempre tardarían, porque se les veía el sufrimiento saliendo de los uniformes ensopados en sangre y de las gargantas. La muerte no trae prejuicios a quien de ella es víctima, a no ser que sea precedida de padecimiento. Pero eso es otra cosa. Es sufrimiento, no muerte, lo que ocurre. La muerte en si, no perjudica a quien muere… Pensando así dejaba de tener miedo a la muerte”)

La salida religiosa o espiritual también ayuda al guerrero, le ayuda a encarar la muerte como algo casi mágico de lo cual no debe temer (ya vimos el caso de los Germanos y el trabajo que la religión hizo con los que iban a la guerra).

Desde el tiempo de las cruzadas y hasta nuestros días la fe en el Paraíso o Edén cristiano, la Vida eterna y la Salvación han ayudado al soldado a vérselas cara a cara con su propia muerte “Quem é religioso nao devia ter medo da morte. Se acreditava num mundo melhor para alèm da vida e se achava que estava preparado para entrar nele, que razao havia para ter medo?” (Quien es religioso no debería tener miedo a la muerte. Se creía en un mundo mejor para el más allá y se creía que eestaba preparado para entrar en él ¿qué razón había para tener miedo?.

Los conflictos bélicos son parte importante del devenir histórico de todos lo pueblos. Los cambios y procesos sociales no pueden separarse de la guerra. Esta trajo gran prosperidad al naciente Imperio egipcio. Snefru, el rey guerrero perteneciente a la IV dinastía y del cual quedan extensos documentos, realizó campañas en Nubia, Libia y el Sinaí. La prosperidad de la IV dinastía condujo también a la cumbre del desarrollo egipcio, periodo denominado como “La Edad de Oro”. Este alto nivel se mantuvo durante la V y VI Dinastías. El esplendor manifestado en las pirámides se extendió a numerosos ámbitos del conocimiento como arquitectura, escultura, pintura, navegación, artes menores y astronomía; los astrónomos de Menfis establecieron un calendario de 365 días. Los médicos del Imperio Antiguo también mostraron un extraordinario conocimiento de fisiología, cirugía, el sistema circulatorio humano y el uso de antisépticos.

Este fenómeno puede verse también en conflictos bélicos mucho más recientes como “La Guerra de Corea” La Guerra de Corea significó para Japón un impulso enorme en su economía, aunque sólo se involucró de manera indirecta en el conflicto. Japón fue, por así decirlo, un “gran depósito” de todo tipo de herramientas bélicas de los más diversos tipos para los Estados Unidos. Las fábricas comenzaron a trabajar para una producción en cadena de implementos para la guerra e incrementaron en forma increíble sus ingresos con dineros americanos. Por nombrar un ejemplo, los clásicos camiones de la Segunda Guerra Mundial fueron reconstruidos y/o reparados por mecánicos japoneses. Estos camiones movían las flotas americanas en Corea. Sin esta valiosa ayuda, el Pentágono estimó que 250 mil tropas adicionales hubiesen sido requeridas.

El beneficio económico hizo crecer hasta las empresas más pequeñas y, como era de suponer, la Guerra de Vietnam trajo a Japón un beneficio aún mayor.

Otro fenómeno importante y curioso de observar es lo sucedido en las guerras de independencia de las colonias portuguesas africanas en la segunda mitad del siglo XX. La pérdida de las colonias portuguesas como Angola y Mozambique, escenarios de sangrientas guerras de liberación, proporcionaron a los portugueses una oportunidad para derribar a su propio régimen dictatorial. Paradójicamente, en este caso, la libertad para los pueblos de las colonias llevó la libertad a los colonizadores. El año 1974 el gobierno dictatorial de ese país fue derrocado por la Revolución de los claveles, y el Imperio portugués comenzó a desmoronarse. El régimen colonial en Angola concluyó en 1975.

Tomemos el caso particular de la “Guerra de Angola” para profundizar en cómo ella favoreció al intercambio cultural entre los invasores y los africanos. Sabemos que en las colonia de Angola y Mozambique el “Portugués” se convirtió en lengua oficial, a pesar de que la gran mayoría de la población habla lenguas bantúes, de entre las que destacan el umbundu, hablada por los ovimbundu; el kimbundu, empleado por los mbundu; y el kikongo, hablado por los bakongo en Angola, y en Mozambique El portugués también se mantuvo como idioma oficial después de la independencia, ya que ninguna lengua africana era dominante. El swahili se utiliza como lengua franca en varias áreas costeras. Pero los conquistadores, que tras el fin del conflicto bélico, casi en un 90% retornaron a Portugal, se llevaron igualmente varios modismos africanos, además de un acostumbramiento a oír la pronunciación africana del portugués y que, con el transcurso de los años de guerra en África (algunos perdían su juventud allá) seguramente aprendieron forzosamente a pronunciarlo ellos mismos.