Todo en esta serie está hecho para «repeler», desde sus primeros capítulos nos damos cuenta que la ambientación, el uso del color y la atmósfera son asfixiantes.
Esta fue una serie muy especial para mí. En una de las últimas conversaciones que tuve con una de mis mejores amigas, que ya partió de este plano terrenal, me la recomendó y me instó mucho a comenzar a verla y, aprovechando el encierro del Covid 19, me adentré en esta serie que me marcaría para siempre, ya que presentó una de las distopías más crueles y claustrofóbicas de los últimos tiempos. Y, debo reconocer, que lloré en su último capítulo, no sólo por los que sucedía en pantalla, sino porque sentía que esto era lo último que me unía a mi amiga.

Esposas y criadas en El Cuento de la Criada
La serie acaba de emitir su último capítulo hace sólo unos días y, después de 6 temporadas, concluimos un viaje por terrores y ansiedades que, antes de la serie, no tenía contemplados. Basada en la novela homónima de Margaret Atwood, El Cuento de la Criada cerró la historia tal cual la abrió, con un final emocional y poderoso que finaliza la mayoría de sus arcos argumentales, pero que deja algunos abiertos, como la vida misma. Lo desolador que me entregó este cierre es entender que, no importa cuánto luchemos por ciertas cosas, no importa incluso si ganamos batallas, hay cosas que no volverán, pasados que nunca serán presente otra vez y que las cicatrices no son sólo físicas, sino que también psicológicas y que no sólo nos afectan a nosotros como humanos, sino que ciudades y naciones también pueden quedar con cicatrices. Y eso, después de varios sucesos históricos que hemos tenido que vivir en el último tiempo, resuena muchísimo más.
Pero, más allá de su final, el Cuento de la Criada funge como una advertencia muchas veces extremadamente cruel sobre que vivimos en una sociedad que puede cambiar de un minuto a otro y que, como sociedad occidental, no estamos ajenos a estos cambios y que la vida sencilla que tal vez consideramos que nos pertenece, puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

Serena Joy (Yvonne Strahovski) y Fred Waterford (Joseph Fiennes)
¿Qué pasaría si el sistema democrático en el que vives de un momento a otro fuera derrocado por uno tiránico, represivo y ultra religioso? ¿Qué pasaría si tuvieras que ver todos tus derechos mermados? No puedes ir a donde quieras, estar con quien quieras, no puedes tener contacto con tu familia, ni leer, ni escribir, sólo porque eres fértil y eso te convirtiera en una esclava sexual cuya importancia sólo radica en que puedes y debes concebir. ¿Qué pasaría si ahora vives en este estado tiránico y eres despojada de tu identidad, incluso de tu nombre? Y si consigues quedar embarazada, después de una violación institucional, van a alejarte de ese hijo porque no será tuyo, sino que será de aquel que te violó en primer lugar.
En Gilead, la república que surge de lo que fue Estados Unidos, se ambienta tanto la serie como la novela y cuenta la historia de Defred, que en su pasado se llamó June, una criada entregada a uno de los grandes comandante de Gilead: Fred Waterford (Joseph Fiennes) y su esposa Serena Joy y, como toda criada, debe vivir en la mansión de los Waterford para realizar una vez al mes la ceremonia en la que el comandante, en presencia de su esposa, la violará para dejarla embarazada.
Todo en esta serie está hecho para «repeler», desde sus primeros capítulos nos damos cuenta que la ambientación, el uso del color y la atmósfera son asfixiantes. La mansión de los Waterford parece una cárcel, con ventanas pequeñas por las que no entra luz o sólo entra para coartar a sus ocupantes, con una paz que más que tranquilizar, alerta, con un uso de colores apagados, donde sólo destacan los de las características vestimentas de las criadas en rojo, las esposas de los comandantes en azul, las martas en gris y las tías en negro. Todas las mujeres están clasificadas en Gilead, incluso aquellas que podríamos considerar un poco «más poderosas», como las esposas de los comandantes.

Defred o June Osborne (Elisabeth Moss)
A través del personajes de la esposa del comandante Fred, Serena Joy, vamos entendiendo lo más terrible de esta sociedad, ya que Serena, quien era la mente pensante de este movimiento antes de Gilead, ahora se ve atrapada en la misma cárcel que ella creó, siendo desplazada por su marido, robándole el crédito por su trabajo, y, aunque es una de nuestras antagonistas principales de la serie, podemos empatizar con ella en muchos momentos, y por supuesto odiarla a morir en otros, ella es víctima y victimaria al mismo tiempo, haciendo de a su personaje uno de mis favoritos de la serie. Y en esto hay que darle todo el crédito a la actriz Yvonne Strahovski.
Por su parte, el personaje de Defred o June, interpretado siempre correctamente por Elisabeth Moss, tiene un camino interesante que la lleva de ser una víctima a ser una sobreviviente, pero sobrevivir viene con problemas psicológicos aparejados y su camino está muy bien representado en ese respecto, porque muchas personas se hacen fuertes no sólo porque lo son, sino porque están obligadas a serlo para seguir en «modo supervivencia»
Esta es una serie que no recomiendo para todo público, porque muchos de sus capítulos tienen un ritmo pausado, casi claustrofóbico (a propósito, por supuesto), es muy gráfico en su violencia física y sexual y deja una sensación cada vez más amarga, así que si estás interesado en entrar en este mundo, hazlo sabiendo que es desolador y que, muchas veces, en mi experiencia personal, no era capaz de ver más de un capítulo por día para no enloquecer.
El Cuento de la Criada tiene seis temporadas y se encuentra completa en el catálogo de Paramount+, al menos aquí en Latinoamérica.
Gracias, amiga, por la recomendación.